Imaginarios hombres de cabezas rapadas que persiguen al protagonista en la jornada más insólita de su existencia; un tiranosario rex en los túneles del metro; una cucaracha delatada por su pequeño corazón. Los cuentos de este libro nos presentan de forma muy nítida eso que Freud llamó “lo siniestro”. Son relatos sobre la enfermedad mental: depresión, esquizofrenia, manía, fobia. Pero son también relatos sobre esa civilización que intentó superar de una buena vez la enajenación, todas las enajenaciones. Porque los perseguidores son agentes de la Stasi, la cucaracha se esconde en un estante lleno de libros publicados por la Junge Welt, y cuyo dueño cantó de niño las canciones de los pioneros de Ernst Thälmann. Todo ocurre en Berlín, poco después de la caída del muro. Es justo la persistencia fantasmal, pesadillesca pero a la vez idílica del ‘mundo de ayer’, lo que el autor consigue captar con simplicidad y maestría sorprendentes.